AUTO-RETRATOS

 

 Fembra Auto-Reflecta

 

Cuando nos aproximamos al mundo de lo femenino, estamos acostumbrados a una suerte de miradas en pos de lo íntimo, no sólo de las intimidades de la corporalidad –convertida en campo de batalla, según expresión de Barbara Kruger–, sino de un universo complejo que quiere ser presentado expresamente como proyecto político, en algunos casos, en las formas más extremas de la singularidad de género; en el entendido que resuma a través de los objetos, de los espacios, de las acciones, del universo total como reflejo de las honduras de la interioridad femenina.

En esta disputa, la “sed del ojo” masculina fija su atención en ciertos rasgos que por sistema se cuestionan desde la perspectiva del ismo. Aunque también es cierto que las congéneres saben de los rigores del régimen escópico que opera entre sí de una manera incluso más cruda. Una tensión de un lado y del otro que obliga a un estado de vigilia sostenido, casi sin parpadear.

En el proyecto de Margarita Valdivieso, haciendo uso del poder privilegiado del ojo técnico de la cámara, lo femenino subyace clamando por sumar adeptos a la militancia de una defensa que se sabe necesaria, particularmente en un entorno como el nuestro. A la vez que lo masculino quiere develar lo que resulta tan opaco como atrayente, eso a pesar de encontrarse en su proximidad más inmediata.

Estoy seguro que esta suma de circunstancias se debe al diálogo que mantiene este proyecto con otro a renglón seguido (literalmente en la manera como se presenta en la ventana de publicación), concebido como un gesto de confrontación, al que la artista llama con una invocación que se aviene paradójica desde la primera perspectiva, se trata de Fembra Placere.

Recurso que se impone como un juego de artificio. Se apela a la figura del explorador decimonónico en cuyos recorridos hace el descubrimiento de una especie que se quiere caracterizar como endémica de la zona andina paisa. Espécimen llevado a la mesa de disección del investigador para estudiarlo en todas sus particularidades biológicas, culturales y psicológicas.

Pero no debe entenderse que la identidad puesta en revisión de la Fembra Placere sea la opuesta de las féminas de los Auto-retratos. No hay posibilidad de un abordaje de alto contraste cuando se trata de lo femenino. Más aún cuando la voz que propició el gesto fotográfico también ofició como maestra de ceremonias. Dándole sentido a la técnica, es en la alta resolución de las escalas intermedias (en blanco y negro y color) que nos encontramos con las intersecciones más sutiles, pero a la postre, las más determinantes.

 

 
Gabriel Mario Vélez
Medellín, 2014